martes, 2 de diciembre de 2008

Liberalismo económico


Los partidarios del liberalismo económico siempre han defendido la privatización de las empresas públicas en base al hecho de que la gestión de las empresas por parte del capital privado siempre es más eficaz.

No niego que si planteamos la eficacia de la gestión en base a la optimización del beneficio esto sea así pero, cuando se habla de compañía “estratégicas” ¿qué se entiende por optimización de gestión? ¿Obtener una óptima cuenta de resultados a costa de provocar otros daños colaterales dentro del país? En una economía global no existen banderas ni patrias.

Imaginemos el caso de una compañía que presta una serie de servicios que demandan una completa red de atención al cliente. Imaginemos que los gestores de esa compañía deciden prescindir de los servicios de atención al cliente que tenía subcontratados a otras empresas de nuestro país porque han realizado un estudio que determina que la contratación de estos servicios a una empresa de un país latinoamericano no afecta sensiblemente a la calidad del servicio pero consigue un ahorro de costes importante. Una decisión de este tipo afectaría positivamente al incremento de los beneficios de la compañía que, a su vez aumentará la satisfacción de los accionistas y los beneficios de los directivos (podrán modernizar su todo terreno de lujo porque hay disponible un modelo nuevo, podrán adquirir un yate más grande porque en su pantalán ya hay otros más grandes que el suyo….). Pero ¿qué sucedería con los trabajadores españoles que se irían a la calle por ser innecesaria la prestación de sus servicios? ¿cómo pagarán sus hipotecas? ¿y qué me dicen del propietario del bar de la esquina al que iban a tomar café o a comprar los bocatas? ¿y el dueño del concesionario que ya tenía casi cerrada la venta del coche a varios de ellos? ¿y las niñeras que cuidaban al bebé de alguno de ellos? En realidad serían daños colaterales que no influyen en la macroeconomía. La compañía no es una ONG, tiene que buscar su máximo beneficio. Eso sí, si hubiese problemas todos nosotros aportaremos algo porque ningún gobierno puede permitir que una compañía tan importante se hunda.

De todos modos, y volviendo al asunto inicial, la cosa no queda ahí. Antiguamente, cuando determinadas compañías estratégicas eran estatales, el gobierno de turno ponía al frente de las mismas a personas de su confianza (y de su tribu). Actualmente eso no es posible porque se trata de empresas privadas pero, ¿cómo se va a resistir un presidente del gobierno a no retirar de ahí a un gilipollas que colocó ahí el capullo que mandaba antes y que privatizó la empresa? ¿Qué se puede hacer en estos casos? Muy sencillo, hay que conseguir que un grupo capitalista potente de confianza se haga con el control de la compañía. Solamente hay que convencer al presidente de ese grupo y a un par de bancos para que le presten la pasta. El gobernante quedará en deuda con ellos pero no pasa nada, un par de favorcillos por aquí sin que se noten demasiado y todos contentos, la economía va genial y nadie lo notará.

Pero ¿y si se tuerce la economía? ¿Y si el sector en el que opera la empresa amiga que se ha hecho con el control de la compañía estratégica entra en crisis y necesita vender sus acciones a toda costa? ¿Y si hay problemas de liquidez en los bancos que prestan la pasta y exigen soluciones para restaurar la situación creada por el favor prestado? A lo mejor habría que recurrir a la caja común y eso no quedaría bien. ¿Coger el dinero de todos para soltárselo a aquellos que cada año aumentan beneficios incesantemente y que tienen asfixiada a media población que se ha hipotecado de por vida? La verdad es que no quedaría muy bien pero, se podría disimular un poco, al fin y al cabo, todo el mundo quiere que a los bancos les vaya bien porque ahí está nuestra pasta. Además, somos el país que más crece en la UE, una fatalidad tan grande es imposible que ocurra.

1 comentario:

N.W.O.O. dijo...

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